20/4/16

Yo, el culpable.

--> Sé que es un tema muy delicado porque tiene muchas aristas, tiene muchos puntos de vista, muchos contenidos y muchos significados. Es un tema para comentarlo muchas horas. Sin embargo, voy a compartir algunas ideas al respecto.

Voy a tratar este tema dos puntos de vista: A) desde la definición del aspecto legal – jurídico, y desde las conductas esperadas entre dos personas. No trataré este concepto desde el punto de vista religioso porque no soy un incendiario, más bien soy un libertario de las personas en autocautiverio. Empecemos.

¿Qué es Culpa?
Culpa se define por “una omisión de la conducta debida para prever y evitar el daño.” Se manifiesta por la imprudencia, negligencia, impericia o inobservancia de reglamentos o deberes. (Tomado de Wikipedia).
Por lo tanto:
Yo no sería culpable si hubiera evitado un daño en mi relación con los demás, o en mi trabajo, o en la escuela.
Mi ignorancia, mi imprudencia, mi impericia o el no haberme fijado en algo son los causantes de que yo sea considerado culpable. Asi de sencillo es esto de la culpa.
Ahora veamos la culpa y el dolo:
“Un ejemplo es: si consideramos a una persona que conduce un automóvil a gran velocidad por una calle céntrica y atropella a un peatón que cruzaba dicha arteria. Habrá conducta CULPOSA si lo hizo pensando en que no se produciría el accidente por su habilidad para el manejo, y habrá conducta DOLOSA si condujo en tal forma sin importarle el atropellar o no a alguien. Tal diferencia, a todas luces subjetiva, es de difícil valoración y aún más difícil prueba en la práctica judicial.” (Tomado de Wikipedia.)
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Ahora, mis comentarios.
La palabra culpa es muy frecuente en la vida diaria familiar, laboral, académica, etc.
En las conductas, expresiones verbales y comportamientos que he observado durante estos años he aprendido de personas que no quieren responder de los impactos de sus acciones. Todo esto se debe a la falta de conciencia interior, y de darse cuenta de que no vivimos solos, que debemos aprender a convivir con los demás, nos guste o no.
Las personas creemos que nuestra negligencia o irresponsabilidad o ignorancia se debe a culpas de otros: Ejemplo “Ese maestro no sabe enseñar, por eso reprobé la materia”.  “Mi papá no trabaja, por eso no estudio?. “Yo no creo en nadie porque me decepcionaste”, etc.
Un ejemplo muy común para “culpar a otros” es el siguiente
En mis relaciones interpersonales yo “espero, deseo y me ilusiono” del trato que alguien me da, y eso me hace sentir muy bien.  Esto quiere decir que yo estoy depositando en conductas de otros mi alegría, mi tranquilidad y mi felicidad.
Si esa persona (en quien he depositado "mi confianza"), cambia de comportamientos, entonces surge una decepción en la persona que estaba recibiendo esos “buenos tratos”.

Cuando llega la decepción, se culpa a los demás del sufrimiento o abatimiento que se está viviendo en ese momento. Entonces surge algo en el interior, “no te perdonaré lo que me hiciste sentir con tu ausencia”; “tu eres el o la culpable de mi estado de ánimo”,  “haz hecho que no vuelva a creer en nadie”. Eso ya parece telenovela.

Usted o yo no debemos poner nuestra alegría de vivir en comportamientos ajenos. Yo soy la persona que me daño a mi misma; sin embargo, culpo a otros por esas sensaciones. Y digo “yo esperaba que tu…” En fin, yo decido declararme culpable o inocente.

Por favor, las terceras personas no tienen nada que ver en esto. Yo los inculpo, los incluyo en mis pensamientos, sentimientos y sufrimientos. Y eso no es sano.
Yo soy “culpable” de mi ignorancia, mi irresponsabilidad, mi mediocridad, mis miedos, por esperar que los demás se comporten de acuerdo a mis intereses, gustos y preferencias,  y de mi trato a los demás.

Creo que ya es tiempo de dejarme de hacerme tonto culpando a los demás por mi falta de madurez para poder vivir sin dependencias enfermizas. Una cosa es compartir mi vida con alguien y otra es depender emocionalmente de ese alguien.

Si yo soy el culpable, yo debo aprender a tomar mi vida en serio y no buscar falsos perdones para seguir cometiendo las mismas omisiones.
Hasta pronto.

Yo, el que ora.


Oración a mi manera.
Dios mío, amigo mío:
Sé que lates en mí. Eso me hace vibrar, me hace vivir y me hace pensar.
Se que mi ser es un milagro de vida y mi alma un regalo de tu  decisión.

He aprendido a verte en el rostro de los niños,  en los conflictos de los jóvenes y en los comportamientos de los adultos.
Estoy convencido de que enseñar es una bienaventuranza solamente esperada por quienes no saben y recibida por quienes enseñan.

He aprendido de los amaneceres, atardeceres y anocheceres. 
El amanecer me brinda la fuerza, el atardecer me calma la fatiga y el anochecer me regresa la esperanza.

Te digo que he convertido mi vida en una canción y mi trabajo en una oración.
 Vives conmigo y en mí,  y convives a través de mi amada familia, familiares, amigos y conocidos.
Me has dado dones que he convertido en herramientas para enseñar y llevar una vida sencilla y sin codicia.

Vivo en ti a traves de mis colores, mis pensares y mis sonreires.

Amigo mío y Dios mío  estoy en ti, como tu estás conmigo.

Así es.

Yo, el desconocido.

Yo, el desconocido por mí.

No he dedicado a conocer mi interior,  ni a poner en práctica mis convicciones y valores.
No conozco mis virtudes, ni reconozco cómo las pongo en práctica.
No conozco mis cualidades, habilidades y destrezas.
Quizá no conozco mis sueños, objetivos y metas.
Quizá no conozco mis limites.

Sin embargo, si conozco:
Mis miedos, mis frenos.
Mis incapacidades y debilidades.
Mis defectos y omisiones.

Yo, el desconocido, soy algo más que desconocido, soy ignorado por mi.
No me tomo en cuenta, no creo en mí, no me siento capaz de nada. No creo ni en mi propia opinión. Normalmente, recurro a los demás a preguntarles su opinión sobre mi opinión. El resultado:  "hago lo que otros me dicen."

Bien, hasta aquí llego con tantas cosas desagradables que hablan de mi Yo, el desconocido. 
Creo que en este momento me sentí avergonzado ante mi mismo, sentí que no creo en mi, que dudo de todo sobre mi. Hasta siento que no existo, me siento todo un ser nulo.

Yo, el desconocido, seguiré en mi oscuridad, en mi soledad, en mi dolor porque he aprendido a compadecerme.

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Para conocerse, es necesario:
1. Hacer una lista de las virtudes como: Fe, Esperanza, Solidaridad, Justicia, Templanza, Fortaleza, Prudencia.
2. Hacer una lista de las cualidades, habilidades y destrezas.
3. Hacer una lista de los gustos e intereses.
4. Escribir qué es lo más característico de su persona. Ejemplo, la estatura, el color de piel, la sonrisa, mi forma de hablar, mi atencion hacia los demás, etc.
5. De las cosas que hace, ¿qué cosas sabe hacer muy bien?...y lo escribe.

Una vez que termines de hacer esto, entonces lo lees en voz alta y, por favor, cree en tí.
No seas un desconocido para tí.

Hasta pronto.

19/4/16

Yo, el rencoroso.

Debo confesar que es algo con lo que yo, en lo personal, he batallado durante mucho tiempo para entender y aplicar. Es por eso que lo comparto.

Hace ya tiempo me decía una persona: “Qué difícil es ese tema: el de no guardar rencor, pero sí perdonar. Lo digo porque ese rencor es lo único que me pertenece;  además, ya me acostumbré.”

El rencor es una sensación que se elige repetir internamente; es un acto de la voluntad ser rencoroso, es "disfrutar la espera de una futura venganza", es convertirse en víctima y verdugo de un pasado. 

La persona que sufre de rencor mantiene libremente en su presente un constante pasado que le incomoda. Eso enferma al cuerpo y envenena el alma.

El antídoto para combatir el rencor es:  utilizar una excelsa capacidad del ser humano; quizá la más profunda y menos aprovechada de todas. Se llama Perdonar. 

Analizando las raíz de esta palabra: Per, del latín: por. Donar, regalar, entregar, ofrecer sin condición algo.
Los Dones del perdón, a mi modo de entender esta cualidad, son: El análisis de las situación pasada el aprendizaje hasta el dia de hoy, el agradecimiento a la vida y el deseo de seguir adelante disfrutando de la libertad que el perdón regala. 

Si reflexionamos y tomamos acción al respecto, estoy seguro de que habremos dado el gran paso que nos libera de una acción o recuerdo pasado.

Yo, el rencoroso, decido perdonarme porque, al fin y al cabo, yo me sigo ofendiendo al culpar a los demás; quizá, los demás, ya no existen en esta Tierra, y yo sigo rumiando mi rencor.

Hasta pronto.

Yo, el impuntual.

Así soy, no sé usar mi tiempo; normalmente, me concentro en algo, y el tiempo se me escapa.

Yo, el impuntual no me he dado cuenta del impacto que provoca mi impuntualidad en los demás; creo que ellos no me interesan, me interesa mi vida.

Me dicen que por ser impuntual me convierto en un ladrón de vida de otros, porque la vida de los demás está medida por el tiempo; la mía no sé, ni me interesa.

También, me han dicho que por ser impuntual los demás me tienen que esperar esos minutos de atraso. Eso no tiene importancia, al fin y al cabo para mí son unos pocos minutos; para ellos son unos pocos minutos de su vida. Creo que eso tampoco me importa.

Yo, el impuntual estoy destinado a vivir a mi manera, a solas, sin compromisos de ninguna clase.
Yo, el impuntual estoy lleno de egoísmo, de ignorancia y de soberbia. Sé que siendo así me tienen que aceptar los demás.

Yo, el impuntual me noto más que los puntuales; yo, el impuntual soy centro de comentarios; yo, el impuntual soy el ejemplo de cómo No ser. No ser ladrón de minutos, ni de vida.

¿Es usted como yo,  el impuntual?

Hasta pronto.


18/4/16

Yo, el desesperado.

Existe un tipo de desesperación o impaciencia: "querer que los demás hagan las cosas como yo". 

Este tipo de impaciencia es sentir desesperación por algo que no depende de nosotros;  eso  es común sentirla porque no hemos madurado, porque hemos creido, sin reflexionar, que el mundo, las personas y las cosas debieran ser como yo pienso. Esto es una ¡tontería!

Sentir desesperación porque las demás personas no son, ni actúan, ni sienten como uno piensa, eso es algo que no tiene sentido; por lo tanto, es otra ¡tontería!

¿Desde cuándo las personas deberían ser como tu piensas o como  yo pienso?. 
¿Quién dice que en mi o en ti está la verdadera, única o mejor, o  genuina forma de ser?. 
El mundo ni se detiene, ni se mueve de acuerdo a como tú esperas o dices, o a como yo deseo que fuera.

Existe otro tipo de desesperación o impaciencia: la de los resultados esperados. 

Muchas veces deseamos que las cosas sucedan de inmediato. Y eso, simplemente, no es así. Todas las cosas, los procesos, las hechuras de algo tienen un tiempo de elaboración, de maduración y/o de terminación.  Por lo tanto, me pido y te pido, amablemente,: “No desesperarme. no deseperarte o no desesperarnos.”.  

Todo tiene un tiempo y un ritmo. El tuyo llegará a tiempo. El mio parece que ya llegó!

Hasta la próxima.

17/4/16

Tengo muchas cosas que compartir...

... mas no sé cómo escribirlo.

Esto de escribir ideas requiere de imaginación, observación e inspiración. Además, requiere de disciplina, convicciones y objetivos internos muy profundos.

De repente, me ausento de este teclado porque la Señora Inspiración se va "a vacacionar.". Y como yo dependo de ella, tengo que esperar unos días a que regrese. Pero ya llegó. Estos días me han servido para darme cuenta de cuán lejos estoy de tí, de tus sueños, tus necesidades y de tu búsqueda por ser una persona diferente: por querer ser mar y arena, y/o día y noche a la vez. 

Hoy quiero confesar mi condición de ser humano porque hace tiempo que no río a carcajadas, hace tiempo que no escribo a "mil palabras por minuto", ni canto "a soto voce", ni oro "a gritos", ni imploro "a raudales"..solamente espero en silencio. 
Espero algo grandioso, algo mágico, algo que me dará paz para muchos años.

Hoy tuve algo que compartir y lo he hecho.

Y, usted ¿tiene algo que compartir el día de hoy?

Hasta pronto.

Yo, el que comparte.

Todos tenemos algo que compartir. Se comparte todo (casi) y lo que sea. Ejemplo, un saludo, una sonrisa, una orientación, una sugerencia, una idea, una ayuda, una moneda, un pensamiento, un libro, etc.

Se comparte lo que se es y lo que se tiene. Para esto, debo definir quien soy, cuáles son mis valores y mis convicciones. Si comparto lo que soy, entonces, expreso mi sinceridad y mis pesnamientos, mis palabras, mi manera de ser en general.
Si comparto lo que tengo, es conveniente hacer un inventario de las cosas que poseo y que quiero compartir.

Existen cosas que no se comparten, solo se expresan: puede ser la Fe individual. Otra cosa que no se puede compartir el sentido del humor. En este caso, repito, se expresa, mas no se comparten. No te puedo decir, "ten lleva en tu corazón mi Fe y parte de mi sentido del humor".
Las cosas que no se pueden compartir son cualidades, habilidades, virtudes. Estas  son para que cada uno de nosotros las enriquezcamos, fortalezcamos y perfeccionemos con el fin de que los demás disfruten de los resultados de nuestra manera de ser, conversar, sonreir, etc.

Te pido que compartas lo que eres y lo que tengas. Lo demás, solo demuestralo con tu ejemplo.

Hasta pronto.