4/7/17

El pensamiento puede ser luz; la emoción, fuego...


Normalmente, he tenido mucho cuidado para manejar mis sentimientos, emociones y sensaciones. Trato de que mis emociones sean racionalmente analizadas; los sentimientos profundamente definidos; y las sensaciones inmensamente gozadas porque, en este apartado, la razón misma desaparece para darle paso a este maravilloso mundo: el del sentir con intensidad gozosa la vida de ese momento.

En fin trato de que vivir con razones emocionadamente analizadas y emociones racionalmente hurgadas.

Afirmo que el pensamiento o mi pensamiento lo considero luz que enciendo para guiarme, el pensamiento solo no se enciende, tienen la facultad para hacerlo; sin embargo, si no le doy peso específico a mis ideas, conceptos o decisiones, poco tiene de luz mi pensamiento y mi elección final.

Cuando se analizan las decisiones que se tienen que tomar, a la luz de la razón, no tiene uno por qué quejarse al enfrentarse a resultados inesperados. Si previamente, habia pensado en los riesgos, no tengo ninguna razón para expresar mis dolencias o desaciertos y, mucho menos, mis lamentos.

Si pienso las cosas de la mejor manera, ordenada y sincera, mis conclusiones deben ser, necesariamente, positivas y enriquecedoras.

Es por eso el título de esta reflexión: El pensamiento puede ser luz; la emoción, fuego.

Hasta pronto.

3/7/17

¿Puede el destino cambiar las cosas?

¿A cuántos de nosotros nos ha sucedido esto?. 

Nos ha sucedido que pensamos en algo positivo "al vernos llegando en algun destino" y, en ocasiones o quizá con mucha frecuencia la llegada en nada se parece a la espera. Esto tiene que ver con las expectativas de alguien hacia algo. 

Sucede que yo iba a conocer a una persona que me habia dado cita de negocios en día, lugar y hora acordados. El resultado esperado era algo maravillosamente deseado y vehementemente esperado, pero ¡oh sorpresa! para mí, la persona no llegó, ni me llamó por el móvil, ni dejó mensaje alguno. 
Entonces, me regreso al lugar de donde había partido con una impresión gris, muy gris. No deseo describirla más.

Es, en esos momentos cuando decimo:s "yo esperaba", o "yo me imaginaba" que todo iba a suscitarse como lo habíamos planeado".  No contabamos con el destino que a veces cambia las cosas inesperadamente.

En lo personal, creo en el destino, cuando las cosas ya sucedieron; no me había percatado que el destino puede "decidir algo sin preguntar nada a nadie".

Usted ¿qué opina?

Hasta pronto.